La Asamblea Legislativa de Bolivia enfrenta una profunda crisis de gobernabilidad, marcada por divisiones políticas, escasa producción legislativa, y descrédito institucional.

Este estancamiento se ha evidenciado en la incapacidad de llevar a cabo las elecciones judiciales durante más de un año, una situación que empeoró con la intervención de una sala constitucional que frenó el proceso de evaluación de candidatos a los principales tribunales del país.

Las divisiones internas entre las principales fuerzas políticas (MAS, Comunidad Ciudadana y Creemos) han impedido avanzar en la aprobación de leyes, créditos y programas esenciales. Un reciente intento de diálogo para buscar consensos y destrabar la agenda legislativa fracasó debido a los condicionamientos previos y la falta de voluntad de cooperación entre los partidos.
El análisis realizado por Piedra, Papel y Tinta de La Razón, con la participación de figuras como el diputado Saúl Lara, el senador Rubén Gutiérrez y la exdiputada Valeria Silva, reveló una calificación negativa de la Asamblea. Los expertos atribuyen la crisis a factores internos y externos, incluyendo la fractura del MAS, la inoperancia legislativa, y la pérdida de credibilidad e incidencia política.

El gobernador David Choquehuanca destacó que, aunque en el pasado la Asamblea podía actuar como un contrapeso efectivo al Ejecutivo y Judicial gracias a su mayoría, la actual dispersión de fuerzas ha debilitado su operatividad.
Con las divisiones actuales, se ha vuelto difícil resolver problemas legislativos, y la oposición ha utilizado su poder para obstruir procesos. Se sugiere que el Órgano Ejecutivo reconfigure alianzas para desbloquear proyectos clave y restaurar la funcionalidad del parlamento.
Vía: La Razón