El Olivar, una comunidad ubicada en lo alto de un cerro en Viña del Mar, Chile, se ha convertido en uno de los epicentros de la catástrofe tras ser devastada por las llamas.

La zona, habitada mayormente por familias de clase obrera, ha quedado reducida a escombros y cenizas luego de los incendios que azotaron el centro-sur del país. La calle Chumisa, una de las más afectadas, ha perdido al menos seis residentes y la desesperación de los sobrevivientes crece ante la falta de ayuda gubernamental, especialmente durante las noches cuando temen nuevos focos de fuego o saqueos.
Los residentes de El Olivar alto se organizan para proteger lo poco que queda de sus hogares, estableciendo turnos de vigilancia ante el riesgo de intrusos o incendios intencionales. A pesar de los esfuerzos de la comunidad por mantenerse unida y protegerse mutuamente, la falta de presencia policial y militar durante las noches agudiza la sensación de vulnerabilidad.
Mientras tanto, las ayudas materiales y la atención de las autoridades solo parecen llegar a la zona baja del cerro, dejando a los residentes de la parte alta desamparados y desatendidos.
La tragedia ha dejado a los habitantes de El Olivar sin hogar, sin pertenencias y con un futuro incierto. Los relatos de pérdida y desesperación abundan entre los sobrevivientes, quienes enfrentan el desafío de reconstruir sus vidas desde cero.
A pesar del apoyo recibido de voluntarios y vecinos solidarios, la sensación de abandono por parte de las autoridades persiste, dejando a la comunidad de El Olivar sumida en la incertidumbre y el desamparo.
Vía: EL PAIS