
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, está finalizando su mandato con una gira de despedida por el país, donde ha recibido un cálido respaldo de multitudes.
A pesar del desgaste natural de gobernar, López Obrador mantiene una popularidad cercana al 60% y ha visto cómo su sucesora obtuvo una aplastante victoria electoral. Aprovechando esta legitimidad, planea implementar las reformas comprometidas, incluyendo la controvertida modificación del Poder Judicial antes de entregar la presidencia el 1 de octubre.

Contrario a lo usual, López Obrador no ha disminuido su actividad tras la elección de su sucesora. Planea seguir adelante con la reforma judicial, que incluye la elección de jueces federales por voto popular, una medida que cuenta con el apoyo del 72% de la población según encuestas de su partido.
Este enfoque resalta su capacidad para usar el poder hasta el último momento de su mandato, asegurando que sus políticas de cambio se consoliden.
Expertos como María Eugenia Valdés Vega destacan que la figura de López Obrador será ampliamente discutida en la historia de México por su carácter disruptivo y sus amplios poderes ejecutivos.
Su mandato ha sido significativo por la implementación de programas sociales necesarios en un país con alta desigualdad y pobreza, lo que le ha ganado el apoyo de la mayoría del pueblo.

López Obrador ha sido objeto tanto de alabanzas como de críticas, reflejando una polarización social. No obstante, su enfoque en las ayudas sociales y las reformas laborales ha proporcionado mejoras económicas para muchos ciudadanos.
Según Francisco Abundis de Parametría, estas elecciones han demostrado que la gente percibe una mejora en su calidad de vida, validando la gestión del presidente. Mientras se prepara para su retiro, López Obrador se despide sintiéndose victorioso, con un legado que, a su juicio, ha beneficiado principalmente a los más necesitados.