Cuba enfrenta una crisis energética sin precedentes que ha dejado al país sumido en la oscuridad, con múltiples colapsos del sistema eléctrico en pocos días. Jorge Piñón, experto en energías, compara la infraestructura eléctrica de la isla con un “almendrón”, un viejo auto americano que sigue fallando, reflejando la incapacidad del sistema para competir ante las demandas actuales.

La emergencia ha provocado un desabastecimiento de alimentos y agua, mientras los cubanos enfrentan largos periodos sin electricidad y la desesperación aumenta. A pesar de la crítica situación, el presidente Miguel Díaz-Canel se aferra a discursos sobre «Patria, Revolución y socialismo», lo que ha provocado reacciones negativas en redes sociales.
La declaración de “emergencia energética” no sorprendió a economistas ni a la población, quienes ya anticipaban un colapso sistémico debido a décadas de inestabilidad y falta de inversión en infraestructura.

Según Ricardo Torres, economista, la situación se agrava por la escasez de divisas para comprar el combustible necesario y el poco mantenimiento a un sistema que depende en gran medida de importaciones. Además, el deterioro y la antigüedad de las plantas termoeléctricas han llevado a una producción de energía muy limitada, incapaz de satisfacer la demanda nacional.
Aunque la Unión Eléctrica de Cuba (UNE) ha comenzado a recuperar parte del servicio en La Habana, las soluciones son temporales y se prevé que los apagones vuelvan a ocurrir.
Los especialistas advierten que no habrá un cambio real en el sector eléctrico sin una transformación del modelo económico actual, que limite la inversión y no permita la descentralización. La dependencia de combustibles fósiles, en un contexto de crisis económica, deja a Cuba en una situación vulnerable que necesita ser abordada con urgencia.
Con miras al futuro, el gobierno ha planteado la posibilidad de generar el 37% de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2030, pero expertos como Piñón son escépticos sobre la viabilidad de estas metas.
El sistema necesita tiempo, dinero y una planificación estratégica para diversificar las fuentes energéticas. Además, la solución a largo plazo requerirá cambios radicales en la política económica del país, que actualmente impide el crecimiento y la atracción de inversión extranjera. Sin un cambio estructural en el modelo económico, la crisis energética en Cuba podría prolongarse indefinidamente.