
El precio del litio ha sufrido una caída drástica en los últimos años, pasando de $us 59.555 por tonelada en 2022 a $us 8.830 en 2024, niveles similares a los de 2016.

Este desplome, causado por un exceso de oferta y una desaceleración en la demanda de vehículos eléctricos, ha impactado los ingresos de Bolivia por la exportación de carbonato de litio, que entre enero y septiembre de este año generó apenas $us 6 millones por la venta de 678,5 toneladas del “oro blanco”.

En el mercado global, países como Australia, Chile, China y Argentina lideran la producción de litio. En 2023, Australia alcanzó 86.000 toneladas métricas, posicionándose como el principal productor mundial, seguido de Chile con 44.000 toneladas.

Estos países han aprovechado los picos de precios anteriores para aumentar significativamente su capacidad productiva, lo que ha agudizado la competencia y bajado los precios.
En contraste, Bolivia sigue rezagada en la industrialización de su litio. Aunque inauguró en diciembre de 2023 una planta industrial de carbonato de litio en el salar de Uyuni, su producción está aún en fase de estabilización.

Con una capacidad proyectada de 15.000 toneladas anuales a partir de 2025, la planta actualmente opera al 30% de su capacidad. Este avance llega después de una década de dificultades para competir con los países vecinos del “triángulo del litio”.
El desafío para Bolivia es cerrar la brecha con sus vecinos en un mercado cada vez más competitivo.
A pesar de los esfuerzos de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) por incrementar la producción diaria, los bajos precios internacionales y la falta de infraestructura industrial robusta complican el panorama para aprovechar plenamente el vasto potencial de los salares bolivianos en el corto plazo.
